martes, 16 de marzo de 2010

¿Un comienzo o un final?

25-Abril-2000

No sé dónde estoy, abro los ojos y me encuentro en un lugar desconocido para mí. Me rodean tumbas por todos lados. ¿Qué hago aquí? No lo sé, no sé cómo he podido llegar a este siniestro lugar, pero no voy a parar a pensarlo, prefiero levantarme y correr, correr hasta la salida.

Corro a gran velocidad, nunca había pensado que tenía tanta fuerza en las piernas para correr hasta este mismo instante; instante en el que llego a la puerta que separa el mundo de los vivos del mundo de los muertos.


No hay manera de salir, zarandeo la puerta que chirría sin éxito alguno; me arde el pecho, las ganas de llorar se apoderan de mí, dejo que mi cuerpo caiga al suelo apoyándome sobre la fría puerta, rendida; trato de controlarme, a pesar de que la garganta me arde más que nunca, toco mi cara y me doy cuenta de que no logro llorar.


Me levanto más enfadada aún y doy patadas a la gran puerta que me impide salir de allí, intento aferrarme a los barrotes y saltar, pero es imposible, es demasiado alta para mi baja estatura de 1,55.


--No lo intentes, no podemos salir de aquí por las noches, deberías de saberlo.--



Una voz irreconocible para mi se acerca mientras luce una sonrisa brillante, una sonrisa que cegaría a cualquier persona en mitad de una noche oscura.


--¿Quién eres?--


Pregunto algo asustada mientras observo su aspecto, se trata de un hombre alto, luce una larga melena que le cubre hasta sus hombros, bien peinado, con el pelo liso y apartado de su rostro gracias a un sombrero bombín negro que evita que el pelo se le cruce.


Su mirada, tan negra y profunda como su complemento, me mira fijamente a la cara mientras sonríe. Viste de lo más peculiar, un smoking compuesto de unos pantalones de gala grises, acompañados con una camisa blanca con pajarita y los puños asomando por su americana de gala.

A pesar de su juventud, va con un bastón; el cual mueve con gracia sobre su mano derecha. Sus pasos, firmes y seguros, hacen que en pocos segundos se encuentre frente a mí, a escasos centímetros de mi rostro.

--Mejor pregunta, que soy y no quién soy...--


Retrocedo asustada en dirección contraría a la gran puerta verde y agacho la mirada para no verlo, cuando levanto la mirada, él ya no está.